¿Cómo dejo un legado?

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Siempre va a quedar algo de ti mientras haya alguien que te recuerde. La cuestión es cómo quieres que te recuerden cuando tú ya no estés.

No se trata de cuánto viviste sino de cómo viviste; del testimonio que diste con tu ejemplo de vida.

No se trata de lo que acumulaste sino de lo que los demás recibieron de tí.

No se trata de qué tanto conocimiento adquiriste acerca de lo que a tí te interesa sino qué tanto te interesaste por lo que los demás consideran importante para ellos.

No se trata de cuánto dinero ganaste sino de cuánta riqueza ayudaste a crear y a repartir y cuánta abundancia fluyó a través de ti. No se trata de lo que te llevas sino de lo que dejas.

Recuerda: ¿Cómo dejas un legado? Siendo consciente que cada día es una oportunidad única, que podría ser la última, para construir tu legado. Cada día es una oportunidad de dejar algo bueno de tí a los demás.

Piensa: Si hoy fuera tu último día, ¿Quién te recordará?; ¿Cómo te recordarán?

En vida, Ozymandias desbordaba soberbia y poder como ningún otro. Hoy sólo queda de él un un rostro carcomido y dos piernas pétreas en medio de la desolación del desierto. (¿Quién es Ozymandias? ¡Exacto!)

Si tu vida se ha tratado, o piensas que se trata, de la persecución de los bienes materiales, del poder y la satisfacción personal sólo para que al final de cada día caiga sobre tí la abrumadora desolación; si al mirarte los demás ven una mueca y un ceño fruncido (como el rostro de Ozymandias); si en tu interior sólo hay áridas arenas, te invito a que consideres el tipo de legado que estás construyendo; o, más bien, date cuenta de la destrucción que tu soberbia está dejando a tu paso.

1Corintios 13; Lucas 12:13-21; Marcos 8; Ozymandias de Percy Bysshe Shelley

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