¿Qué pasa cuando morimos?

Recientemente han sido publicados varios libros escritos por personas o acerca de personas que han muerto o han estado muy cerca de morir, y que afirman haber ido al cielo y regresado; por ejemplo libros como “90 Minutos En El Cielo” o “El Cielo Es Real”. Estos libros han llegado a las listas de los mejores vendidos en la comunidad cristiana. En ellos estas personas afirman no solo haber ido al cielo sino también haber visto y conversado con seres queridos y amigos que han partido con anterioridad. De hecho algunos de ellos afirman haberse encontrado con Jesús y realmente haber conversado con Él mientras estaban en el cielo. Desafortunadamente desde su punto de vista, ellos fueron devueltos a la tierra; y muy en contra de su voluntad regresaron a esta vida desde el cielo.

Obviamente, libros de esta naturaleza han causado un gran interés en la iglesia Cristiana. Nosotros aspiramos al cielo y naturalmente tenemos curiosidad acerca de cómo será allá. Estos libros se han vuelto muy populares. Al mismo tiempo, sin embargo temo que también puedan ser una fuente de malentendidos. Temo que las personas comiencen a fundamentar su visión del más allá y del cielo en éstas experiencias cercanas a la muerte en lugar de en lo que enseña la Biblia.

Creo que esto sería peligroso por dos razones. Primero que todo, estas experiencias son inconsistentes unas con otras. Son contradictorias por lo tanto sabemos que no pueden ser todas genuinas en todos los aspectos. Eso significa que algunas de esas experiencias no son auténticas y la dificultad es: ¿Cómo saber cuál es auténtica y cuál es falsa? La experiencia de una persona es tan real como la de otra persona. Entonces, ¿cómo sabes cuál experiencia del Cielo es realmente auténtica?

En segundo lugar y aún más fundamental, la Biblia es nuestra autoridad doctrinal dada por Dios que incluye la doctrina acerca del más allá y acerca del cielo. Para la enseñanza oficial de Dios acerca de como es la vida en el más allá debemos acudir a la Biblia y no simplemente a experiencias cercanas a la muerte.

La primera y más fundamental verdad que debemos sostenernos es que la esperanza bíblica de inmortalidad es la resurrección física y corpórea. Repito, la esperanza bíblica de inmortalidad es la resurrección física y corpórea. La esperanza bíblica no es que el alma algún día se separará del cuerpo y volará al cielo para estar con Dios para siempre de forma incorpórea. Eso de hecho es el entendimiento griego del más allá sostenido por filósofos griegos como Platón, y es muy diferente a la forma de pensar judío-hebrea acerca del más allá. Para los Judíos y para los primeros cristianos la esperanza de la inmortalidad no era la inmortalidad del alma aislada sino la resurrección del cuerpo. El cuerpo físico será levantado de los muertos y transformado a vida inmortal.

La resurrección de Cristo es nuestro modelo aquí. En 1Corintios 15:20, Pablo explica que nuestra resurrección tendrá como modelo la resurrección de Jesús mismo. Pablo dice:

“Pero el hecho es que Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primicias de los que murieron”.

La idea de primicia o primer fruto significa una muestra representativa de la cosecha que vendrá. Los adoradores judíos ofrecían los primeros frutos de sus cosechas a Dios como sacrificio en el templo. Aquí se dice que Cristo es el primer fruto de la resurrección general de los muertos que tendrá lugar finalmente. Pero Su resurrección ya tuvo lugar previamente como precursor y anunciante de nuestra resurrección para que el patrón o modelo de nuestros cuerpos resucitados sea el de Cristo.

Pablo dice algo similar en Filipenses 3:20-21: “Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; él transformará el cuerpo de nuestra humillación, para que sea semejante al cuerpo de su gloria, por el poder con el que puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Pablo dice aquí que este cuerpo inferior y humilde será transformado y formado a la imagen del cuerpo glorioso de Cristo. El mismo cuerpo glorioso que Él tenía al dejar la tumba vacía y emerger victorioso sobre la muerte. La esperanza bíblica de la inmortalidad toma la forma física de la resurrección corpórea.

Ahora, esto provoca la siguiente pregunta:

¿Cuándo recibimos nuestro cuerpo resucitado? ¿Inmediatamente al morir? ¿Recibimos nuestro cuerpo de resurrección inmediatamente al morir?

Bueno, la respuesta es: No.

Esa idea falla en considerar seriamente la naturaleza física de la resurrección. El cuerpo de resurrección no es un cuerpo diferente. Es este cuerpo transformado a una forma gloriosa, inmortal, llena del Espíritu e incorruptible. Entonces, si recibiéramos nuestro cuerpo resucitado inmediatamente al morir, !las tumbas de todos los cristianos estarían vacías¡ No habría cadáveres en las sepulturas porque nuestro cuerpo de resurrección es la transformación de éste cuerpo terrenal. Por lo tanto, la resurrección no sucede inmediatamente al morir, las Escrituras indican claramente que eso tendrá lugar en la segunda venida de Cristo. En lugar de eso, la resurrección sucederá cuando Cristo regrese a la tierra.

Miremos en 1Corintios 15:21-23; 51-52. En el versículo 21 Pablo dice:

“porque así como la muerte vino por medio de un solo hombre, también por medio de un solo hombre vino la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: en primer lugar, Cristo; y después, cuando Cristo venga, los que son de él.”

La resurrección de Cristo sucedió primero, como el primer fruto; nuestra resurrección tendrá lugar cuando Él venga otra vez. Luego en los versículos 51-52 Pablo dice:

“Presten atención, que les voy a contar un misterio: No todos moriremos, pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final. Pues la trompeta sonará, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

La descripción de Pablo sobre esta transformación que tendrá lugar durante la segunda venida de Cristo
se encuentra en su primera carta a la iglesia en Tesalónica. En 1Tesalonisences 4:13-17 Pablo dice:

“Hermanos, no queremos que ustedes se queden sin saber lo que pasará con los que ya han muerto, ni que se pongan tristes, como los que no tienen esperanza. Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios levantará con Jesús a los que murieron en Él. Les decimos esto como una enseñanza del Señor: Nosotros, los que vivimos, los que habremos quedado hasta que el Señor venga, no nos adelantaremos a los que murieron, sino que el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que aún vivamos y hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para recibir en el aire al Señor, y así estaremos con el Señor siempre.”

Pablo dice que en la segunda venida de Cristo los muertos en Cristo serán levantados primero y entonces aquellos que aún estén con vida en ese momento serán transformados a su cuerpo de resurrección y luego permaneceremos para siempre con El Señor. No recibiremos nuestro cuerpo de resurrección hasta el regreso de Cristo.

Lo anterior genera otra pregunta:
¿Qué pasa con nosotros entre nuestra muerte y nuestra resurrección? ¿Qué sucede entre el momento que morimos y el momento en que Cristo venga de nuevo? ¿Simplemente nos extinguimos? ¿Dejamos de existir cuando morimos y luego en la resurrección Dios nos recrea? ¿Nos trae de vuelta a la vida después de pasar inexistentes por un periodo de tiempo? ¿O continuamos existiendo después de la muerte, tal vez en un estado inconsciente, como si al morir nos dormimos y al despertar aparecemos en el cielo con nuestro cuerpo resucitado sin darnos cuenta del tiempo intermedio que pasó?

Bueno, creo que ninguna de las dos es la respuesta correcta. Más bien lo que la Biblia indica es que el alma sobrevive al cuerpo. La muerte humana no significa la extinción. La muerte humana es sencillamente la separación del alma y el cuerpo. Mientras que el cuerpo muere biológicamente y se descompone, el alma continúa existiendo como alma sin cuerpo; un alma sin cuerpo, en estado consciente.

En 2Corintios 5:1-8, Pablo considera esto en detalle. Pablo dice:

“Bien sabemos que si se deshace nuestra casa terrenal, es decir, esta tienda que es nuestro cuerpo, en los cielos tenemos de Dios un edificio, una casa eterna, la cual no fue hecha por manos humanas. Y por esto también suspiramos y anhelamos ser revestidos de nuestra casa celestial; ya que así se nos encontrará vestidos y no desnudos. Los que estamos en esta tienda, que es nuestro cuerpo, gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desvestidos, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Pero Dios es quien nos hizo para este fin, y quien nos dio su Espíritu en garantía de lo que habremos de recibir. Por eso vivimos siempre confiados, pues sabemos que mientras estemos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque vivimos por la fe, no por la vista). Pero confiamos, y quisiéramos más bien ausentarnos del cuerpo y presentarnos ante el Señor.”

Pablo está diciendo aquí que no es que queramos desvestirnos del cuerpo para que el alma exista en lo que él llama un estado de desnudez, sin un hogar. Ese estado intermedio del alma sin cuerpo es como un estado de desnudez donde el alma existe en forma incorpórea. Pablo dice que eso no es lo que queremos. Pero, continúa Pablo, queremos revestirnos más con nuestra casa, con nuestro cuerpo de resurrección. Pablo dice que queremos ser “revestidos”. La palabra griega utilizada aquí tiene el significado literal de “ponerse ropa encima”, tal como ponerse un suéter o una camisa sin tener que desvestirnos primero. No tenemos que pasar por el estado de desnudez. Lo que Pablo está diciendo aquí es que si pudiera elegir, él viviría hasta que Jesucristo regrese, para no tener que pasar por ese estado intermedio de desnudez. Él preferiría inmediatamente ser revestido con el cuerpo de resurrección, como aquellos que estarán vivos cuando Cristo vuelva, sin pasar por el estado de desnudez.

Pablo dice en el versículo 5:

“Pero Dios es quien nos hizo para este fin, y quien nos dio su Espíritu en garantía de lo que habremos de recibir.”

Pablo hace sonar una nota de ánimo, aunque no quiere pasar por ese estado incorpóreo de desnudez, reconoce que estar ausente del cuerpo es estar presente con El Señor. Él dice que debemos tener ánimo y aunque preferimos no pasar por ese estado sin cuerpo, estaremos más cerca de Cristo. Por lo tanto, prefiere estar presente con El Señor y ausente del cuerpo, si es que así debe ser.

De hecho en Filipenses 1: 21-24, Pablo explica que cuando morimos, esto implica una relación más intima y cercana con Cristo. Pablo, contemplando su posible martirio, dice:

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” ¡De hecho el morir es ganancia! “Pero si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Por ambas cosas me encuentro en un dilema, pues tengo el deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedarme en la carne es más necesario por causa de ustedes.”

Pablo no sabe si quiere ser martirizado o no. Él dice que es más necesario para los Filipenses permaneciendo en la carne, en el cuerpo. Los quiere ministrar. Permanecer significa un ministerio fructífero. Pero considera que partir, estar ausente del cuerpo y presente con El Señor, es mucho mejor y ese es el deseo de su corazón; partir y estar con Cristo. Para el creyente, lo que nos espera al morir es este estado intermedio de existencia incorpórea, que nos llevará a una compañía más cercana e íntima con Cristo. Y en ese estado esperaremos nuestra resurrección que ocurrirá cuando Cristo regrese.

Ahora podríamos preguntar: ¿Y qué hay de los no creyentes, aquellos que no conocen a Cristo? ¿Qué pasa con ellos?
Bueno, Pablo no menciona esto en ninguna de sus cartas. Él escribe sus cartas para iglesias cristianas, por lo tanto les habla de lo que pasará con los cristianos. Lo interesante es que Jesús sí se refiere al tema. En Juan 5, hay un pasaje muy interesante donde Jesús habla sobre la resurrección y dice que todos serán levantados de entre los muertos. Aquellos que son creyentes, los justos, serán levantados a la resurrección y la vida. Pero los injustos, aquellos que han rechazado la Gracia de Dios y Su amor, serán levantados a la resurrección de condenación. Estos últimos comparecerán ante el sitio de juicio de Dios y Él pronunciará juicio sobre ellos. Al haber recibido el juicio, entonces iremos al cielo o al infierno.

Atravesamos por este estado intermedio hasta la resurrección. Entonces seremos enjuiciados por Dios. Los creyentes irán al cielo y los incrédulos serán lanzados al infierno. Durante el estado intermedio los incrédulos ya están en un estado consciente de tormento llamado Hades. En Lucas 16: 19-26 vemos la parábola de Lázaro y el hombre rico. Jesús dijo:

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y cada día celebraba espléndidos banquetes. Había también un mendigo llamado Lázaro, que lleno de llagas pasaba el tiempo echado a la puerta de aquél, ansioso de saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico, y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Llegó el día en que el mendigo murió, y los ángeles se lo llevaron al lado de Abraham. Después murió también el rico, y fue sepultado. Cuando el rico estaba en el Hades, en medio de tormentos, alzó sus ojos y, a lo lejos, vio a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces gritó: “Padre Abraham, ¡ten compasión de mí! ¡Envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y me refresque la lengua, porque estas llamas me atormentan!” Pero Abraham le dijo: “Hijo mío, acuérdate de que, mientras vivías, tú recibiste tus bienes y Lázaro recibió sus males. Pero ahora, aquí él recibe consuelo y tú recibes tormentos. Pero, además, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de manera que los que quieran pasar de aquí a donde están ustedes, no pueden hacerlo; ni tampoco pueden pasar de allá hacia acá.”

Aquí Jesús proyecta a Lázaro en el paraíso, junto a Abraham, en donde esperará la resurrección final y al hombre rico en el Hades. Ahora, ‘Hades’ es la palabra griega para la palabra hebrea ‘Sheol’. En el antiguo testamento ‘Sheol’ es el reino de los que han partido. Es el inframundo de las almas que se han ido. La palabra griega equivalente es Hades. Esta es una palabra diferente a ‘infierno’. El hombre rico no está en el infierno; se encuentra en el Hades que es el estado intermedio que precede a la resurrección final.

Al morir, los justos van a estar con Cristo, donde esperarán la resurrección de los muertos. Los condenados van al Hades donde estarán en un estado incorpóreo esperando la resurrección al juicio final. Sólo entonces seremos dirigidos a nuestro estado final que es el cielo o el infierno.

Ahora, esto tiene algunas implicaciones realmente interesantes. Lo que esto significa es que las personas que reportan esas experiencias cercanas a la muerte, en las cuales ven seres queridos y familiares fallecidos, realmente no los están viendo en el cielo. No están viendo literalmente a estas personas. ¿Por qué? Porque esas personas que han muerto no han sido levantadas de entre los muertos. Se encuentran en el estado intermedio. Están en un estado de existencia incorpórea. Así que no pueden estar viendo a esas personas en el cielo y con sus cuerpos de resurrección porque eso no ha pasado todavía.

Esto parece implicar, en el peor caso, que estas personas lo que están experimentando son alucinaciones o tal vez estados parecidos al sueño. Podemos soñar que vamos al cielo y vemos a Jesús y a seres queridos fallecidos. Esto no sería realmente una experiencia genuina y auténtica. Por otro lado, creo que hay una explicación más amable. Podría ser que estas experiencias sean visiones de los seres queridos y de Jesús. Una visión es como una proyección mental de algo que la mente pone allí. En el antiguo testamento tenemos muchos casos de personas a quienes se les ha causado tener visiones de Dios o visiones de otras personas o cosas. Ellos no las ven literalmente. No hay fotones rebotando desde estos objetos y entrando en los ojos estimulando el nervio óptico. Ellos no están mirando esos objetos literalmente, más bien sus mentes proyectan algún tipo de imagen mental de esas cosas. Aunque Dios no tiene cuerpo, Él es espíritu, algunas veces en el antiguo testamento la gente tiene visiones de Dios en algún tipo de forma corpórea. Tal vez, Dios permite que el alma durante este estado intermedio e incorpóreo proyecte imágenes corpóreas de otras almas sin cuerpo así como de sí mismas, para que parezca que estas almas sin cuerpo se encuentren en un mundo habitado por otras personas con cuerpo. Estas personas en su existencia incorpórea pueden vivir en un tipo de realidad virtual en el que a ellas les parece como si convivieran con otras personas físicamente, cuando en realidad también son almas sin cuerpo proyectando imágenes corpóreas de sí mismas y de otros para poder reconocerse e interactuar.

En este caso, lo que estas personas experimentan son visiones, como si fueran de personas que realmente no tienen cuerpo. Esto explicaría muy bien algunas de las rarezas de estas experiencias cercanas a la muerte. Por ejemplo, en el libro ‘El Cielo es Real’ el niño Colton ve a su hermana menor, fallecida, como una niña de dos años. Pero su hermana no tenía dos años cuando murió. Su mamá la perdió durante el embarazo y su hermanita nunca nació. ¿Por qué la vería como de dos años? No es como si hubiera crecido durante dos años en ese estado incorpóreo. ¿Por qué no de ocho años o ya como adulto? Bueno, creo que es posible que esa sea la forma en que él proyecta una imagen de ella, como de una niña de dos años, cuando en realidad ella es un alma sin cuerpo.

Él también ve gente en el cielo con alas. En su experiencia ellos tienen alas como los ángeles. Bueno, no hay nada en la Biblia que diga que las personas tienen alas en el cielo. Nuestros cuerpos de resurrección serán como el de Cristo y Él no tenía alas. Creo que es difícil resistir la tentación de pensar que esto es una proyección de su mente con base en las imágenes populares de la gente en el cielo a donde vamos y obtenemos nuestras alas, es una imagen cultural del cielo. Esto no quiere decir que su experiencia no sea auténtica sino más bien que son visiones que tienen de otras personas en el estado intermedio e incluso tal vez de Cristo mismo.

Bueno, permítanme resumir lo que hemos visto antes de indicar algunas aplicaciones. Cuando una persona muere su cuerpo permanece en la tumba hasta el regreso de Cristo. Las almas que le pertenecen son atraídas a una relación más cercana e íntima con Él en ese estado incorpóreo. Realmente no sabemos cómo es realmente esa existencia sin cuerpo. Es posible que las almas en esa condición incorpórea proyecten imágenes mentales de sí mismas y de otros para poder relacionarse unas con otras. Las almas de los incrédulos, por el contrario, entran en un estado de tormento consciente y separación de Dios que es llamado Hades. Cuando Jesucristo regrese traerá consigo las almas de los creyentes que han partido y sus restos serán levantados de los muertos y transformados en cuerpos de resurrección poderosos y gloriosos y sus almas se reunirán con con sus cuerpos. Después de comparecer ante el trono de juicio de Cristo para recibir su recompensa, serán dirigidos hacia el nuevo cielo y la nueva tierra. Los incrédulos también serán levantados de los muertos y reunidos con sus cuerpos y después de ser juzgados por Dios serán enviados al infierno.

Bueno, ¿Que aplicación tiene todo esto para nosotros hoy? Mencionaré brevemente tres cosas.
Primero, significa que la muerte no es el final. La muerte no es la extinción. Tu alma se separará del cuerpo pero tú no dejarás de existir. Tú vivirás para siempre ya sea con Cristo o separado de Él. Lo que significa que la vida que vives ahora está cargada de un gran significado eterno. Tienes el increíble privilegio de determinar en dónde pasarás la eternidad. Por lo tanto, las cosas que hagas ahora en esta vida tienen un enorme significado eterno porque vivirás para siempre y las consecuencias nunca terminarán.

Segundo, también significa que ese estado intermedio nos acercará más a Cristo. En ese estado intermedio experimentarás una relación más cercana e íntima con Él por lo que es algo a lo que podemos aspirar. Lo que sea que pienses de esas experiencias cercanas a la muerte yo creo que sí nos enseñan que morir es una experiencia placentera. Todos reportan que al morir es casi sobrecogedor y no quisieran regresar. Por eso no debemos temer la muerte. Al parecer, morir es algo que disfrutaremos y luego seremos llevados más cerca de Cristo. No necesitamos temer.

Finalmente la resurrección traerá total sanidad física y emocional. En la resurrección seremos liberados de toda discapacidad, de toda enfermedad, de toda aflicción, desde el dolor de espalda a la paraplegia o esclerósis múltiple. Todo eso será desecho y tendremos cuerpos de resurrección gloriosos, inmortales y poderosos. No traerá solamente sanidad física sino también completa sanidad emocional. Nuestras almas son disfuncionales, están fracturadas. Todos llevamos cicatrices emocionales de nuestro pasado. En la resurrección seremos liberados de todas esas neurosis, complejos y cicatrices emocionales para ser transformados, transparentes, amorosos, viviendo en armonía unos con otros y con El Señor Jesucristo. ¡La completa sanidad física y emocional será nuestra! ¡Qué esperanza y qué prospecto!

La muerte no es final, nuestras vidas son tremenda y eternamente significativas. Ese estado intermedio nos acercará más a Cristo no es necesario temer. Finalmente, la resurrección es nuestra esperanza de completa sanidad física y emocional. ¡Alabado sea Dios!

Texto original: What Happens When We Die? Por Dr. William Lane Craig (Transcripción) http://www.reasonablefaith.org/transcript/what-happens-when-we-die Traducción: Iván Colín Pichardo.

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